En casa, en invierno, siempre hay un trozo de jengibre en la nevera. Y limones no faltan nunca. En cuanto alguien empieza a carraspear o llega el primer moquillo del cole, sale el cazo y la cocina se llena de ese olor picante y cítrico que ya asociamos al frío. La infusión de jengibre, limón y miel es de esas recetas de toda la vida que pasan de generación en generación, y que hacemos casi sin pensar.
Precisamente por eso cada uno la hace a su manera, y a veces queda buenísima y otras sabe, literalmente, a colonia. Así que nos hemos puesto a mirar qué dicen los expertos sobre cada ingrediente y a afinar la receta con todo lo que hemos aprendido en casa. Te la contamos tal cual la preparamos.
¿Cómo se prepara la infusión de jengibre, limón y miel?
Así la hacemos en casa. Con esta cantidad, el jengibre se nota bien y pica lo justo para entrar en calor.

Ingredientes para 1 taza:
- 1 cucharada sopera rasa de jengibre fresco rallado, con piel (unos 10 g, un trozo de 2 o 3 cm)
- 300 ml de agua
- El zumo de medio limón
- 1 cucharada de miel, mejor cruda
Lava y ralla el jengibre
No hace falta pelarlo, con lavarlo bien es suficiente. Rallado suelta mucho más sabor que en rodajas.
Ponlo en agua fría y lleva a ebullición
Jengibre y agua juntos en el cazo desde el principio.
Apaga en cuanto rompa a hervir
Con un solo hervor ya basta, así que retíralo del fuego enseguida.
Tapa y deja reposar 10-15 minutos
Con la tapa puesta, para que no se escapen los aromas.
Sírvela, con o sin colar
Puedes dejar el jengibre en la taza, porque seguirá soltando sabor mientras te la tomas. Si prefieres no encontrarte trocitos al beber, cuélala con un filtro.
Añade el limón y la miel en la taza
El zumo de medio limón y, cuando se haya templado y puedas beberla sin quemarte, la cucharada de miel.
Si un día te pica hasta en los labios, no pasa nada. Significa que el jengibre es del bueno, y hay a quien le encanta así. Si la prefieres más suave, pon un poco menos de jengibre o acorta el reposo. Y si te gusta más intensa, alarga el reposo en lugar de dejarla hirviendo.
Nosotras la tomamos en una taza de acero esmaltado, que dura mucho más que una de plástico. Y si se te ha enfriado la infusión, puedes poner la taza directamente al fuego para templarla otra vez, siempre que el esmaltado esté en buen estado.
¿Por qué la preparamos así?
Usamos siempre jengibre fresco porque tiene más aroma y un picor más vivo que el seco. Lo rallamos con piel, porque basta con lavarlo bien, y así aprovechamos la raíz entera y no tiramos nada. Y rallado en vez de en rodajas, porque cuanto más fino está, más sabor suelta en poco tiempo.
¿Y por qué no lo dejamos hirviendo un buen rato? Porque no hace falta. Cuanto más hierve, más pica y menos aroma tiene, así que con el jengibre rallado y un buen reposo tapado sacas su sabor sin pasarte.
La miel merece capítulo aparte, porque es el ingrediente con más investigación detrás. Una revisión de la Universidad de Oxford publicada en BMJ Evidence-Based Medicine reunió 14 ensayos clínicos sobre la miel en resfriados y otras infecciones respiratorias de vías altas, y vio que aliviaba los síntomas, sobre todo la tos, mejor que los tratamientos habituales. Los propios autores piden más ensayos frente a placebo. Por eso en nuestra receta la miel no es un adorno y le ponemos una cucharada generosa.
Y mejor si es miel cruda, la que no se ha calentado al envasarla. La miel lleva enzimas naturales que el calor estropea, y es algo tan importante que la norma de calidad de la miel exige que la que se vende no se haya calentado hasta que sus enzimas se destruyan o queden poco activas. Por eso en casa la miel va siempre al final, en la taza, y nunca en el cazo hirviendo.
Y el limón es el que menos estudios tiene, pero nuestras abuelas lo ponían por algo. Aporta vitamina C, equilibra el picor del jengibre con su acidez y le da ese aroma fresco que hace que la infusión sepa a casa.

Para exprimirlo usamos un exprimidor de acero inoxidable, que tiene una vida útil muy larga, no absorbe olores ni sabores y va al lavavajillas.
Nosotras no pasamos de 2 o 3 tazas al día. La Agencia Europea del Medicamento recoge que el jengibre puede dar ardor, náuseas o molestias de estómago, así que si tienes el estómago delicado, mejor no tomarla en ayunas. Como remedio, recomienda por precaución evitarlo durante el embarazo y la lactancia, y no lo recomienda en menores de 18 años por falta de datos. Si tomas alguna medicación, consúltalo antes con tu médico.
¿Por qué a veces la infusión sabe a colonia?
Más de una vez nos ha salido una infusión que debería saber a jengibre y limón y que, de repente, sabe a perfume. Casi siempre era porque el zumo de limón había hervido con el jengibre. Los compuestos que dan al limón su aroma fresco, como el citral, son delicados, y con el calor y la acidez se estropean y pueden dar notas extrañas. Tampoco ponemos la piel en el cazo, porque su parte blanca amarga muchísimo.
La solución es sencilla. Añadimos el zumo de limón al final, recién exprimido y ya en la taza, y así conserva su aroma fresco y también su vitamina C, que se pierde con el calor.
¿Qué errores estropean la infusión?
Hervir el limón
El zumo de limón cocido pierde su aroma fresco y es lo que suele dar el sabor a colonia. Siempre al final, en la taza.
Dejarla hirviendo
Pica más y pierde aroma. Basta con apagar en cuanto rompe a hervir.
Echar la miel hirviendo
Espera a que se temple, porque con el agua muy caliente la miel pierde sus enzimas.
Para la miel, una cucharita de madera para miel ayuda a servir la cantidad justa sin goteos. Y si buscas una miel cruda con carácter, la miel de brezo cruda tiene un sabor intenso que combina de maravilla con el picor del jengibre.
Lo que he notado en casa
Soy de las que pillan todo lo que circula, y antes un resfriado me duraba fácilmente tres semanas. Desde hace unos inviernos, con la infusión de jengibre siempre a mano, los llevo mucho mejor, y en mis hijas he notado lo mismo. No sabemos cuánto es por la infusión y cuánto por otras cosas. No es un tratamiento, es nuestra experiencia, y cada cuerpo es un mundo.
Pero si te apetece probarla, que sea bien hecha, con calma y en una buena taza.
Lo que necesitas para prepararla
Preguntas frecuentes
En Cero Residuo creemos en las cosas sencillas bien hechas: una raíz fresca, un limón, una buena cucharada de miel cruda y cero bolsitas que tirar. Si te gustan las infusiones, en nuestra sección de tés e infusiones encontrarás más compañía para las tardes frías. Ojalá esta receta te sirva este invierno.
Fuentes: Universidad de Oxford, Abuelgasim H. et al., «The effectiveness of honey for symptomatic relief in upper respiratory tract infections», BMJ Evidence-Based Medicine, 2021 (en inglés); Agencia Europea del Medicamento, monografía del jengibre, 2025 (en inglés); Real Decreto 1049/2003, norma de calidad relativa a la miel, BOE; Manual MSD, «Botulismo del lactante».























