Hacer compost en casa es la forma más directa de reducir tu basura: casi la mitad de lo que tiramos cada día es materia orgánica que podría convertirse en abono en lugar de acabar en el contenedor. Y no hace falta jardín, ni conocimientos de jardinería, ni convivir con malos olores. Hace falta un rincón, dos tipos de restos y un poco de paciencia.
Esta es la guía del proceso completo: qué echar y qué no, cómo montar las capas, cómo saber si tu compost va bien y qué hacer cuando algo se tuerce.
Los restos orgánicos son en torno a la **mitad** de los residuos de un hogar. Compostarlos no los hace desaparecer: los convierte en abono de primera para tus plantas, tu huerto o las jardineras del balcón.
¿Qué necesitas para empezar a compostar?
Muy poco, y casi todo lo tienes ya:
- Un recipiente donde compostar: un compostador de jardín, una caja de madera con huecos de ventilación o incluso un cubo grande agujereado. Si dudas entre compostador clásico, vermicompostaje o bokashi, tenemos una guía entera comparando los tipos de compostaje para elegir el tuyo.
- Un cubo en la cocina: el puente entre la tabla de cortar y el compostador. Un cubo de compost de acero inoxidable con tapa y filtro de carbón te permite acumular los restos de dos o tres días sin olores. Unas bolsas de papel kraft te ahorran fregar el cubo cada vez y van enteras al compost o al contenedor marrón.
- Material marrón: hojas secas, cartón sin tinta troceado, papel kraft, ramitas. Es el carbono, la parte que casi todo el mundo olvida.
- Material verde: restos de fruta y verdura, posos de café, cáscaras de huevo. Es el nitrógeno, la parte húmeda.
- Un pulverizador con agua: para ajustar la humedad sin encharcar.
¿Qué se puede echar al compost y qué no?
La regla corta: restos vegetales crudos y materia seca, sí; proteína animal y cocinados, mejor fuera. La versión completa:
| Sí al compost | Mejor fuera |
|---|---|
| Restos de fruta y verdura crudos | Carne, pescado y huesos |
| Posos de café y bolsitas de infusión sin grapa | Lácteos, salsas y comida cocinada |
| Cáscaras de huevo trituradas | Excrementos de perros y gatos |
| Hojas secas, ramitas y poda triturada | Plantas enfermas o con muchas semillas |
| Cartón sin tinta y papel kraft troceados | Papel plastificado, revistas y pegatinas de la fruta |
¿Y los cítricos y la cebolla? Puedes echarlos sin miedo en cantidades normales de cocina: el mito de que “matan” el compost viene de verterlos a cubos. Trocéalos y mézclalos bien, y punto.
¿Cómo hacer compost paso a paso?
Elige el sitio
Un rincón a semisombra, protegido del sol directo del verano y de la lluvia fuerte, con el compostador tocando tierra si es posible (los microorganismos y lombrices subirán solos). En balcón o terraza funciona igual con una bandeja debajo.
Monta una base de material marrón
Un lecho de unos 10 centímetros de ramitas y hojas secas en el fondo. Hace de drenaje y deja circular el aire por debajo del montón, que es la mitad del secreto.
Alterna capas: dos de marrón por una de verde
Cada vez que añadas restos de cocina, cúbrelos con el doble aproximado de material seco. Esa proporción de dos a uno mantiene el equilibrio entre humedad y aire, y es la diferencia entre un compost que huele a bosque y uno que huele a contenedor.
Controla la humedad
El punto correcto es el de una esponja escurrida: húmedo al tacto, sin gotear al apretar un puñado. Si está seco, pulveriza agua; si está empapado, añade marrón y remueve.
Airea cada una o dos semanas
Remueve el montón con una horca o un palo para que entre oxígeno. Sin aire, el proceso se vuelve lento y maloliente; con aire, los microorganismos trabajan rápido y sin olores.
Espera, tamiza y usa
Cuando la parte baja del montón esté oscura, suelta y huela a tierra de bosque, sepárala y pásala por una malla o criba gruesa: lo que no esté descompuesto vuelve al montón, y el compost maduro que queda va a macetas, jardineras o huerto.

¿Cómo saber si el compost va bien?
Un compost sano huele a bosque húmedo, baja de volumen semana a semana y está templado por dentro. Los tres problemas típicos tienen arreglo fácil. Si huele mal, sobra humedad o verde: añade material seco y airea, y en dos o tres días el olor desaparece. Si no avanza, suele faltar agua o nitrógeno: pulveriza y suma restos frescos. Y si aparecen mosquitas de la fruta, es que hay restos al descubierto: entiérralos y cubre siempre con marrón, que además es la tapa antiolores natural.
¿Cuánto tarda el compost en estar listo?
Entre tres y seis meses en condiciones templadas; algo más si el invierno es frío, porque el proceso se ralentiza pero no se detiene. Sabrás que está maduro cuando no reconozcas ningún resto original, el color sea marrón oscuro casi negro y huela a tierra después de llover. Si aún distingues peladuras o huele a fermentado, dale más tiempo: un compost inmaduro puede quemar las raíces de las plantas.

¿Y si vivo en un piso sin balcón?
Tienes dos caminos, y los dos empiezan igual: con el cubo en la cocina. El primero es hacer el compost tú, dentro de casa, con un vermicompostador, el método de las lombrices que no genera olores y cabe bajo el fregadero; lo comparamos con el resto en la guía de tipos de compostaje. El segundo es dejar que el compostaje ocurra fuera: acumulas los restos en el cubo y los llevas al contenedor marrón de tu calle, a un punto de compostaje comunitario o al compostador de alguien con jardín, que los huertos urbanos suelen aceptar encantados. En este caso el abono no lo haces tú, pero tu parte del ciclo, separar la materia orgánica y devolverla al circuito, está igual de cumplida.
Y esa es, al final, la idea completa: el compost es el gesto zero waste con más impacto por esfuerzo que existe. La mitad de tu basura deja de ser basura, y tus plantas comen de lo que ayer era una peladura. Difícil encontrar un círculo mejor cerrado.
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